Apuntes para una Historia de la Masonería Yucateca I

Por Alejandro A. Ruz Ávila*

Siglo XIX

“La Masonería, señor provisor,

a lo que entiendo, no es más que

un coco con que se ha espantado

a los niños por no tener valor de

examinarla de cerca”

José Joaquín Fernández de Lizardi

El Pensador Mexicano

Para hablar de la masonería yucateca es necesario entender cómo se gestó la aparición del movimiento conocido como Sanjuanista, hecho que tuvo lugar en 1802, cuando Vicente María Velázquez, sacerdote católico, lector de las obras de Fray Bartolomé de las Casas y otras que llegaban a la península yucateca por el puerto de Sisal, procedentes de Europa, en especial de Francia, vía la Habana, Cuba, decidió formar un grupo de lectura y análisis, ajeno a la religión; éste fue conocido como Sanjuanistas por reunirse en el atrio de la iglesia de San Juan. Dichos documentos tenían clara influencia enciclopedista y una filosofía liberal.

José Francisco Bates, quien trajo la primera imprenta a Yucatán; Manuel García Sosa, José Matías Quintana Campos y Lorenzo de Zavala y Sáenz, quien podría ser considerado el padre de la masonería yucateca, como veremos más adelante, así como los clérigos Francisco Carvajal, Rafael Aguayo y Manuel Jiménez Solís, mejor conocido como el “Padre Justis”, fueron de los grandes pensadores y representantes de la iglesia católica que destacaron en este grupo, aun cuando también participaron varios alumnos del también cura sanjuanista Pablo Moreno, quienes ya habían abrevado en los preceptos del racionalismo cartesiano al interior del seminario de San Ildefonso.

Para 1805 celebraban sus reuniones, a las que llamaron tertulias, donde discutían al principio asuntos relacionados con la religión, pero a partir de 1808 sus temas se volcaron a los problemas sociales y políticos.

Se interesaron en los sucesos que se habían presentado recientemente en Europa, a finales del siglo XVIII, como la invasión de España por Napoleón, el debilitamiento de este país ibérico y la captura de Fernando VII, así como la influencia que había ejercido la Revolución Francesa y sus postulados de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Y es que para 1808, cuando se dio la ocupación de España por parte de las tropas francesas, se fue gestando un movimiento que involucraría a todas las colonias del país ibérico.

Para el 2 de mayo de ese año, en la ciudad de Bayona los españoles se levantaron contra la invasión napoleónica con el pretexto de la búsqueda de ideales libertarios y de ahí se fue fortaleciendo el pensamiento liberal que los llevó a declarar que “sin rey la soberanía debería recaer en el propio pueblo”.1

Ante este suceso progresista para la época, se emitió el 22 de mayo de 1809 una convocatoria para llevar a cabo las Cortes Extraordinarias y Constituyentes, por lo que la Junta de Aranjuez fue trasladada a Sevilla.

En respuesta a la convocatoria, el sacerdote Miguel González Lastiri fue enviado como diputado representante por Yucatán, donde participó en la elaboración de la Constitución de Cádiz.

El 24 de septiembre de 1810 tuvo lugar la primera sesión de las Cortes, donde los trabajos presentaron una marcada tendencia liberal, así se dio paso a la Carta – Constitución de Cádiz, que fue jurada en España el 19 de marzo de 1812.

Una vez promulgada la Constitución, el padre González Lastiri traería consigo a Yucatán varios ejemplares de la Carta Magna.

Para el 14 de octubre, siendo intendente Manuel Artazo, se publicó en Yucatán la Constitución y al día siguiente se juró.

La emoción se apoderó de las familias liberales, en especial a las vinculadas con los Sanjuanistas, lo que llevó a la madre de Andrés Quintana Roo, María Ana Roo Rodríguez de la Gala, a donar sus joyas con las que se engarzó la “C” de Constitución en una losa que serviría para conmemorar esa fecha.

Dicha losa fue colocada en la Plaza Mayor de Mérida, de donde tomó el nombre de “Plaza de la Constitución”.

La gloria no les duró a los Sanjuanistas, pues para 1814, al regresar Fernando VII a España derogó la Constitución y los liberales fueron perseguidos por los rutineros, grupo conservador que se oponía a las ideas progresistas.

Los Sanjuanistas editaban para esos días los periódicos El Misceláneo, El Aristarco Universal y Clamores, impresos que tenían la función de politizar a los yucatecos más que informarlos de los sucesos, pues en ellos plasmaban los principios liberales de aquella época.

Los rutineros no se quedaban atrás y también incursionaron en el periodismo como arma contra los Sanjuanistas.

Al respecto escribe Eligio Ancona, “impúsose en esta época la mision especial de desprestigiar á los liberales, pintándolos como enemigos de la religión, como ambiciosos vulgares, y aún como explotadores del candor y de la ignorancia del pueblo”.2

Y es que los “rutineros” informaban a las autoridades que existían en Mérida agitadores que pululaban por las calles.

Con el regreso al absolutismo como sistema de gobierno en la España del siglo XIX y sus colonias, Lorenzo Zavala y Sáenz, José Matías Quintana Campos y Francisco Bates, entre otros, fueron detenidos, desterrados de Yucatán y encarcelados en las “tinajas”3 de San Juan de Ulúa, Veracruz.

Ahí, en la prisión veracruzana, Lorenzo de Zavala tuvo contacto con un grupo de masones, presos políticos también, quienes lo instruyeron en los misterios de la masonería y hablaron de la importancia de la libertad.

Luego de tres años de prisión, entre 1817 y 1818, regresó a Mérida donde inició con la formación de al menos una logia que se llamó “La Aurora” número 18; el número indica que ya existían otras logias aunque no necesariamente en Yucatán.

En los documentos a los que se puede acceder se tienen registros de que para el 30 de abril de 1816  ya existía la  logia “Los Amigos Reunidos” número 8 en el puerto de Veracruz y  la “Reunión de la Virtud” número 9, en Campeche, que levantó columnas el 12 de abril de 1817, y que había recibido sus Cartas Patente para trabajar el Rito de York de la Gran Logia de Louisiana, Estados Unidos.

Para 1818, Lorenzo de Zavala se torna más activo y levanta columnas de las logias “Fidelidad Americana” en Mérida; la “Federal Mexicana” en Calkiní, Campeche; la “Matamoros” en la ciudad de Valladolid e “Iris de la Paz”

En algunos documentos aparece una logia llamada “La Aurora Yucateca” que vio la luz bajo los auspicios  del Gran Consistorio de la Habana y que en 1817 pasó de trabajar del Rito de York al Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

A estas acciones de Lorenzo de Zavala se suma la llegada de jóvenes militares españoles que arribaron a la Playa de San Román, Campeche, luego de que la fragata española Ifigenia, un navío con 38 cañones, naufragara debido al mal tiempo.

Aquellos jóvenes náufragos, todos ellos constitucionalistas que habían sido desterrados, se establecieron en tierra peninsular y levantaron columnas; rápidamente influyeron en el comercio y en la política.

Muchos de los liberales yucatecos aprovecharon la secrecía de la incipiente masonería para adherirse a la institución y desde ahí luchar contra el orden político impuesto y al mismo tiempo restablecer el imperio de la Constitución, toda vez que era la única manera de difundir los principios liberales de la época dada la prohibición de las reuniones públicas.

Notas:

1.- Zanolli Fabila, Betty Luisa, El liberalismo yucateco y la Constitución de Cádiz.

2.- Ancona, Eligio, Historia de Yucatán, Tomo III.

3.- Las celdas de la prisión de San Juan de Ulúa, Veracruz, era llamadas “tinajas” por lo estrechas y húmedas.

*Presidente de la Academia de Historia de la Francmasonería, A.C.

Correo Electrónico: aleruz108@gmail.com

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